Y de pronto descubrimos que aquello llegaba, que las horas en la noche se volvían eternas, por más que el sueño hiciera de las suyas en nuestros cuerpos. Y la soledad de la casa se agitantaba con los sonidos, ruidos que iban y venían, que subían por las paredes, caminando en los recuerdos como tiempo atrás. Sí, era la noche del día último, esa noche, sólo esa noche.