lunes, 14 de febrero de 2011
La ruta (Parte No. 2)
Y entonces supimos que la hora era aquella donde los ojos miran más allá de las sombras, y los sonidos fueron los que surcaron el cielo con la facilidad de las plumas. Y vimos, porque también teníamos ese don, que las nubes sostenían su figura a partir de los sueños de todos, los hijos, los hijos de los hijos, que vinieron a surcar el mar de la casa con sus risas guardadas, que subieron por la escalera de todos los tiempos, primero de madera, después de cemento, y observaron desde la terraza que nunca se convirtió como tal, aquella ciudad que crecía lentamente, inexorablemente, con el paso de los días que se convirtieron en años. Y ahí estuvimos también los que se fueron, lo presiento, lo adjudico al dolor de las horas que fueron aquellas, mínimas, que no quisimos que llegaran.
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